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jueves, 10 de mayo de 2012

Yo temía a estar sola, hasta que aprendí a quererme a mí misma. Yo temía fracasar, hasta que comprendí que únicamente fracaso si no lo intento. Temía a lo que la gente opinara de mí, hasta que me dí cuenta de que de todos modos opinarían de mí. Temía al dolor, pero me dí cuenta que es necesario para crecer, para hacerme fuerte. Temía al ridículo, hasta que aprendí a reirme de mí misma. Pero sobretodas las cosas temía al pasado. Hasta que comprendí que no podía herirme más, que sólo puede regresar en forma de recuerdos, por lo tanto, el pasado se va. Se recuerda, te hace daño, pero el pasado siempre acaba lléndose..

miércoles, 9 de mayo de 2012

El momento más duro es aquel en el que llegas a darte cuenta de que no te conoces, bueno, mejor dicho, no te reconoces. Cuando hasta esa persona que te mira fijamente desde el otro lado del espejo te resulta extraña a pesar de haber estado siempre hay. Cuentas y revisas los días que han ido pasando, pero déjalo, es imposible saber en que momento cambiaste, en que momento giro el mundo, y tú con el, arrastrando a quienes estaban por medio en ese preciso momento. Te preguntas cuando todo empezó a cambiar. Y no hallar la respuesta es tan duro como echar de menos lo que eres, o más bien, lo que un buen día llegaste a ser. 
Enamorada de la vida, aunque aveces duela. Nadie me había dicho que las cosas no eran así,que si nada buscas, nada viene, y que todo depende de ti. Y lo nuestro es algo frecuente, como un suma y sigue, como un 'muérdeme' porque hoy tengo mono de ti. Nada se hace sin que antes se imagine, así que imagina que no hay cosa más bonita que despertar y verte con los ojos a medio abrir. Y.. ¿he dicho que lo nuestro es algo frecuente? Sí.. Tan frecuente como extraño, porque si no puede hacerte daño.. tampoco te hará feliz.
Pues sí, muchas veces tenemos el problema de que tu corazón no quiere admitir lo que tu mente ya sabe.. Quiero decir que, yo aquel día, también estuve tentada a meterme debajo de una puta mesa, pedir una baja e hincharme a ansiolíticos. Pero por alguna extraña razón, decidí salir a la calle. Y ¿Sabes por qué? Porque sé que siempre que algo termina, algo mejor aún empieza. 
La mayoría no saben nada de las heridas, y la mitad no saben acabar de lamer con el suficiente tacto para que se cierren definitivamente. ¿Por qué debería de importarme?Claro que he amado más de 365 días, y no me he podido quitar a alguien de la cabeza, ni he podido comer, ni dormir, y he salido sólo para sentirme menos inútil. Yo a eso le llamo SENTIR, sentir al límite de cada exceso. Yo no odio a los hombres, tampoco a las mujeres, yo simplemente pertenezco a un colectivo que dista de la única diferencia que tiene esta sociedad entre los géneros. Nosotras putas y ellos unos cabronazos. Como si eso hubiese que asumirlo sin levantar la cabeza, sin replicar.No me da la gana asumir ciertas cosas, sólo porque la muchedumbre esté acostumbrada a eso. No soy de amigos de toda la vida, ni de echar de menos mi casa, ni mi habitación, si estoy con él, me da igual que no lo entiendan.Por lo demás, no necesito a nadie que me diga lo guapa que estoy cuando llevo tres días sin dormir, ni necesito pensar siempre en el futuro. Me aterra ese tipo de rutina. Adoro la fugacidad del momento. Y si tengo que volver a caer cien veces más porque me agobio tanto pensándolo que necesito huir, lo haré, caeré, y estallaré. Pero siempre volveré arriba. A REINVENTARME para poder volver a empezar, engañándome o no. A excitarme con todas las pequeñas cosas que hacen que la vida cobre sentido..