Ciertas cosas nos subyugan, atraen nuestra curiosidad y lo más bonito, sin una segunda finalidad. Dicen las malas lenguas que hablo sola y que como mal. Que todos me echan monedas, pero que nadie se me lleva y que la seda la convierto en papel de fumar. Sin énfasis, sin excesiva importancia, con naturalidad, sin una segunda finalidad precisamente.
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